Situada en el Barrio alto de Sanlúcar, en un callejon empedrado junto a una plaza a la que da su puerta. La entrada bordeada por tubos iluminados de colores da a un gran salón flanqueado por sillones y en cuyos extremos tiene dos barras. La pista de baile cae levemente unos escalones dentro del amplio salón, desdibujada bajo una gran pantalla. Unas escaleras al fondo junto a una de las barras suben hacia la cabina del discjockey y otras puertas cerradas. Junto al otro lado de la barra, en la misma pared de la escalera, encontramos una puerta que abre paso al patio, donde se almacenan los productos. Cientos de focos de colores y enormes altavoces enferborrizan a una juventudes deseosas de marcha. El rugiente sonido de la música, el rumor del gentío y el constante fluir del público hacen de este lugar un concurrido hormiguero de las noches sanluqueñas. La puerta, adornada con dos mastodónticos porteros, presenta un cúmulo de jovenes intentando entrar, pero algunos serán rechazados, igual que a otros se les solicitará entrar. |